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Cómo organizar una cata

Una cata es una experiencia sensorial, cultural y social. Organizar una cata de vino en casa, en una bodega o en un restaurante puede ser una excelente manera de aprender, compartir y disfrutar, con amigos o compañeros de afición. Es una actividad divertida y enriquecedora, que nos ayuda a conocer nuevos vinos, distintas añadas y descubrir nuevos matices.

En una publicación anterior explicamos cómo se realiza una cata desde un enfoque más técnico. Esta vez queremos mostrarte cómo organizar una cata en casa, de manera sencilla, distendida y entretenida, pensada para disfrutar con amigos o familiares.

No hacen falta demasiados vinos, decide un hilo conductor para tu cata. Puedes empezar decidiendo si la cata es vertical u horizontal. La cata vertical es una degustación de distintas añadas del mismo vino, de una misma bodega, con el objetivo de observar cómo evoluciona con el tiempo. Y en una cata horizontal se comparan diferentes vinos de la misma añada.

Tres o cuatro referencias son suficientes para mantener el interés sin saturar.

La clave está en buscar contraste.

Sirve los vinos de menos a más intensidad. Primero un vino blanco ligero o un tinto joven, y termina con los más estructurados o con crianza. Esto permite que los paladares no estén sobrecargados antes de llegar al vino más poderoso.

Ya sabes que la temperatura es importante. Tintos jóvenes: 14/16 °C. Tintos con crianza o reservas 16/18°C. Adaptar la temperatura revela aromas y texturas que un vino frío escondería.

Prepara el ambiente, no necesitas convertir tu salón en una sala de cata, pero sí cuidar algunos detalles:

  • Luz, que sea clara, mejor si es natural o blanca.
  • Copas, iguales para todos, a ser posible transparentes, para no despistar.
  • Mesa amplia, deja espacio para botellas, vasos de agua, pan o algún picoteo.
  • Temperatura del vino

El resto se trata de crear buen ambiente. Música suave y, sobre todo, una mesa donde la conversación fluya.

Un recurso divertido es hacer la cata a ciegas, cubre las botellas en fundas opacas o con papel de aluminio, así nadie sabe qué está bebiendo y todos se concentran más en lo que sienten que en lo que “deberían” sentir.

También puedes dar pequeñas pistas, “uno de estos vinos tiene crianza en barrica, ¿cuál creéis que es?”. Convertirlo en un juego rompe formalidades y hace que cualquiera, incluso quien nunca ha hecho una cata, se anime a participar.

No es necesario recitar manuales técnicos, pero sí seguir un orden básico para que la experiencia tenga sentido:

  • Vista, mirar el color y la intensidad, siempre sobre fondo blanco.
  • Olfato, primero sin mover la copa, luego agitando un poco para liberar aromas.
  • Gusto, un sorbo tranquilo, dejando que el vino recorra la boca.

Explícalo de forma sencilla: ¿se siente fresco? ¿tiene notas de fruta madura? ¿Es suave o seca un poco la lengua (taninos)?  O simplemente cuál te gusta más, muchas veces te sorprendes de la elección o confirma tu gusto.

Lo importante no es “acertar”, sino poner palabras a lo que cada uno percibe.

Una cata en casa siempre mejora con comida, y aquí no hablamos de maridajes sofisticados, sino de algo práctico y apetecible:

  • Pan, colines o picos para limpiar el paladar.
  • Quesos variados, curado, semicurado, azul.
  • Embutidos y jamón, un clásico que nunca falla.
  • Algún toque fresco, como frutos secos o uvas.

El truco está en no saturar de sabores demasiado potentes que enmascaren el vino, pero sí dar opciones para que la cata se convierta en un plan completo.

Para darle chispa a la velada puedes preparar un par de dinámicas sencillas:

  • Puntuación secreta: cada persona puntúa del 1 al 5 cada vino en una ficha, y al final se revela cuál fue el favorito.
  • Juego de descriptores: reparte tarjetas con palabras (fruta roja, vainilla, cuero, flores, café) y que cada uno elija cuáles encajan con el vino que está probando.
  • Reto del maridaje: proponed cuál de los vinos iría mejor con una receta casera, un asado, un postre o un tapeo.

El objetivo es que todos participen y que el vino sea el hilo conductor de la diversión.

Una buena cata en casa no termina con la última copa, sino con una pequeña conversación final, ¿qué vino sorprendió más?, ¿quién acertó más en las pistas?, ¿cuál comprarías de nuevo para una cena especial?

Si en la mesa ha habido algún vino Montebaco, es el momento perfecto para comentar qué ha aportado, su carácter ribereño, sus taninos equilibrados o esa elegancia que se presta tanto a descubrir en grupo, como a disfrutar a solas.

Organizar una cata en casa es un plan redondo, es sencillo, original y, sobre todo, muy divertido. Solo necesitas unas cuantas botellas, un poco de picoteo y ganas de compartir. Lo demás lo pone la conversación, la curiosidad y ese toque especial que tiene el vino cuando se convierte en excusa para reunirnos.

Porque, al final, lo importante no es tanto descifrar cada aroma, es crear un espacio donde se disfruta, se descubre y se comparte.

Finca Monte Alto
47359 Valbuena de Duero
Valladolid

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